2 de Noviembre de 2008, Albacete.
Cielo nublado, aunque con claros.
Frío y viento.
Color de la luz que entra por la ventana: Gris algo iluminado.
He decidido escribir este "Diario Emocional" con la finalidad de recordar como me he sentido a lo largo del mes de Noviembre. No pretendo llamar la atención, ni causar emoción, ni alegría, ni pena. Pretendo saciar mi sed de escribir un buen relato, que no me deje mal sabor de boca, y por el que no tenga que pedir perdón.
Se presenta un día gris, con algunos rayos de luz, pero gris.
Me siento triste, sola e irritada.
En mi cabeza siempre esta esa sensación de huida, de darse a la fuga. Sueño con ser una especie de Bonnie and Clyde, pero se que no es así. Me despierto aterrada, preguntándome que me deparará el día, y si será bueno o malo. Y siempre tengo la sensación de que las cosas van a ir mal. Me apetece sentarme en mi cafetería favorita, y ver como pasa el tiempo, ya sea sola, o acompañada. Creo que la gente no pensará nada bueno de este texto, pero por otra parte, me da igual. Podré ser todo lo estomagante que quiera, pero es mío, es una de las pocas cosas que hay en mi vida en las que puedo mandar. A día de hoy, me he dado cuenta de que necesito control en mi vida. Me duele saber que con 15 años, a 27 días de los 16, me siento parcialmente vacía, y posiblemente con ningún incentivo para despertarme. Bueno sí, sí que tengo incentivos, pero no siempre están ahí, ellos también tienen su vida. No quiero herir a nadie, y lo único que busco es consuelo conmigo misma. Duermo todos los días con Pierre, y eso me hace sentir mejor. No sé la razón de mi baja autoestima, ni tampoco se la razón de ese sentimiento de inferioridad hacia los demás. Supongo que viene de pequeña, pero eso son muchos años atrás. Ya no hay corazones en la ventana. Ya no hay cachimbas. Ya no existe la lámpara verde. Ya no hay monedero. Solo me queda una caja de colores, un reloj de bolsillo, Pierre, y mi ordenador. Ya no queda nada. Solo un vacío emocional que intento llenar con materiales inertes que ni sienten ni padecen. Con esto, no quiero ir de mártir adolescente, a la que nadie entiende, pero llegados a este punto, me da igual todo. Me entristezco al pensar que todo queda lejos. Y es que, si no cuentas las cosas, es como si no te pasaran, por eso nos cuesta guardar secretos. Hará cosa de dos semanas, vi a un ángel. No era el mío, pero fue genial, y en esa ocasión, no estaba sola, no. No me hizo falta contárselo a nadie.
Hace tiempo, vi a mi ángel de nuevo, y me miró, y me preguntó que por qué estaba triste. No me pregunto que si acaso estaba triste, no, me pregunto que por qué. Cada vez que lo recuerdo, los ojos se me llenan de lagrimas deseosas de salir, que yo las arrastro con las manos, para quizá disimular la gran emoción y posiblemente satisfacción que me produjo esa frase. Tres o cuatro semanas atrás, conocí a una persona que no se le puede clasificar como ángel, pero se acerca a tal clasificación. Ni si quiera habla español, pero me entiendo bien con el. Últimamente, todo a cuanto quiero llegar está lejos, y eso posiblemente crea una frustración enorme, y con ello un sentimiento de inferioridad que puede llegar a agotarte al máximo. ¿Acaso me falta algo? Pero si lo tengo todo, absolutamente todo, y aun así tengo la sensación de estar totalmente vacía. Tengo la sensación de que no debería de estar aquí. No hablo de suicidarme, hablo simplemente de cambiar de aires. Dicen que para eso se necesita mucho dinero, yo creo que no. Que solamente se necesita un billete de avión. Abril es mi gran mes. Te anuncian que lo puedes hacer, te sientes como si alguien hubiera escuchado tus plegarias.
Miro por la ventana, y veo nubes, pero veo perfectamente la luz del sol, como si me dijera que un descampado lleno de matojos no tiene por que ser horrible. La magia del objetivo. Con estas últimas palabras me despido. Cierro los ojos y pienso que me diría mi ángel. Mi ángel, es una persona genial, pero hay otra persona mas genial aun, no es un ángel, es mucho mejor que eso. Es un príncipe, un poco cabron, pero es un príncipe. En ningún cuento de Disney se cuenta que un príncipe espere a su amada en la lluvia 42 minutos, acurrucado para no tener anginas, y vestido de beige, esperando, esperando y esperando. Tampoco cuentan que haya ningún príncipe que le tiemblen los brazos al abrazar fuerte. Al final son felices y no comen perdices, pero si un kebab cada uno :D.
Crecemos con la idea del príncipe azul. El mío no es azul, y no es lo que aparenta ser. Alguna vez, en el backstage de las peliculas de Disney, los principes tambien hacen daño. Y si no que se lo digan a Blancanieves. Pero esas son otras historias. Deberían de ser olvidadas, pero cuesta mucho. Quizá esa sea una de las principales razones de mi vacío emocional. Quizá lo mejor sea cambiar de aires de una vez.
Gracias.
Emmitta Chan
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