16.3.10

Abuelos.

Nadie nace enseñado, y al principio - y no tan al principio - siempre se necesita una mano que nos guíe. Normalmente son la de nuestros padres y familiares más allegados. Después son los amigos del colegio...y más tarde los del instituto. Los colegas, compañeros de piso, pareja...y después, eres tu la que tienes que guiar. Y ahí estas, sin ni si quiera saberte el camino, porque en realidad...nadie se sabe el camino.A mí, mi camino me lo enseñaron mis abuelos. Tanto paternos como maternos.Papá y mamá estaban trabajando, y recuerdo mirar muerta de envidia como las madres de los demás los recogían con la merienda en la mano. A por mí venia mi abuelo. Y rara vez mi abuela. Una vez vino mi abuela paterna, quien venia siempre por mi cumple hasta Navidad. Me encantaba que viniera a recogerme, aunque una vez se equivocó.Después me iba a casa de mis abuelos maternos, y allí hacia deberes, dormía, cenaba, veía la tele, hablaba con las visitas, bailaba y jugaba en el balcón...En definitiva, hacia vida. Hasta que llegaron las llaves de casa, y con ellas, parte de mi independencia.Cuando estaba en casa de mi abuela, recuerdo esperar a mi madre hasta las tantas. Y mi padre, apenas estaba en casa.Observo una foto del día después de mi cumpleaños. Tendría unos 5 años o así. Mis cumpleaños siempre eran grandiosos. Amigos, familia, y mis 3 abuelos...(carecía y carezco de abuelo paterno).El 30 de Noviembre, el día de la resaca, me levantaba y contemplaba con admiración los regalos que se esparcían por todo mi salón. Recuerdo una cocinita blanca y amarilla. Tenía tantos cacharros. Era mi cocinita. Y yo, la mejor cocinera del mundo. También recuerdo el día de reyes, donde siempre, siempre olvidaban algún regalo en casa de mi abuela Marina, por estas fechas, ya dejaba de ver a mi otra abuela, aunque alguna que otra vez pasé los reyes allí, en Isla Cristina.Unos de los mejores reyes de mi vida, fueron allí. Me trajeron miles de cosas, y yo no cabía de gozo en mi misma, no sabía ni si quiera donde subirme y quería estrenarlo todo.

Se echan de menos esos momentos, momentos que han guiado nuestra vida y que nos generan unos planes de futuro.Estas manos que nos han guiado también escriben algo muy importante en la vida de cada uno, algo que nunca, nunca debemos olvidar, y son, nuestros orígenes, de donde venimos y por qué venimos de ahí.Esa es la verdadera esencia.A pesar de que mis padres también han colaborado, sin duda alguna, mi camino ha sido enseñado por unas manos sabias, manos que han vivido mil y un caminos, las de mis abuelos.




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