23.12.10

Viaje a Granada. Acto II

(si no sabes de que va esto, viene de http://emmitta-chan.blogspot.com/2010/12/viaje-granada-acto-i.html )

Sin dejar de andar volvimos al barrio de la Catedral, llegando al centro y andando calle abajo hacia el hotel. Allí hicimos vida, es decir, cenamos y mi madre y yo nos dispusimos a dar un breve paseo por Granada y ver pues escaparates y buscar algún sitio donde poder tomarnos un chocolatito. Al ser una ciudad exclusivamente de turismo extranjero no es de extrañar que a las 12 de la noche todo estuviera ya chapado.
Lo único que pudimos tomar fue un Cola Cao calentito en una heladería de la zona cercana al hotel por donde la juventud universitaria se movía de un lado a otro. Era divertido vernos a mi madre y a mí ahí. Por cierto, nos sirvieron unos pastelitos caseros que estaban, propiamente dicho, para chuparse los dedos.
Al finalizar la “velada” volvimos al hotel, y cuando yo, y mi correspondiente insomnio-toca-cojones-en-el-momento-menos-adecuado nos disponíamos a dormir, a las señoritas de la habitación de enfrente/al lado (no lo supe, ni sé, ni sabré con certeza nunca) se les ocurrió la maravillosa idea de ¿hacer carreras con tacones? y poner música.
Pero bueno, al final, tras parlotear mi madre y yo cabreadas, solté la adrenalina del momento y pude dormir. Al día siguiente, a las 7:30 A.m. estábamos en pie (de guerra) y mi padre, cuyo objetivo era ver la Alhambra, dispuso a su batallón, o sea, esposa e hija, y puso rumbo a desayunar. Había Buffett libre en el hotel, pero no…demasiado fácil. Decidimos recorrer aún más Granada y buscar un sitio donde desayunar. Tras nuestra primera y maravillosa primera comida del día, pusimos rumbo a la Alhambra en esos autobuses tan pequeñitos (y quien haya ido a Granada lo sabrá) donde apenas caben 20 personas, que suben y suben y te dejan en la mismísima puerta de las taquillas.
Todo bien hasta que una mujer muy simpática, o un robot (es otro de los detalles de este viaje que no supe, ni sé, ni sabré con certeza nunca) anunció por megafonía: “Entradas para Alhambra agotadas; Alhambra tickets sold out; Billets pour l'Alhambra à guichets fermés; Alhambra Tickets ausverkauft“
Mi padre, al cual veía como le cambiaba la cara, se puso, como ya podeis imaginar, hecho un basilisco...Y tras horas de “mal rollo“ y tras calmarlo, decidimos emprender nuestra vuelta a Albacete.
Días antes, hablando con mi madre, me dijo que si nos sobraba tiempo, podriamos ver donde enterraron a Lorca y donde lo mataron, y yo, que tengo una memoria excelente, en aquellos momentos de no saber qué hacer, recordé ese dato que me dijo mi madre. Ahí lo dejé caer, y debido a la falta de planes, mis padres, accedieron a ir.
En el coche, no os puedo contar que lugares tan maravillosos vi desde la ventana, ya que entre mi insomnio-toca-cojones-en-el-momento-menos-adecuado, las señoritas de las carreras de tacones, y el batallón de mi padre a las 7 de la mañana, estaba completamente agotada.
Cuando llegamos, mis padres me despertaron, bajamos y nos dirigimos a un parque con el nombre del poeta. Aquel parque era desolador, frío y sucio…Tras enloquecernos un poco buscando la maldita losa, me encamine entre pequeños y ocultos caminos, y tras darles mil y una explicaciones a mis padres a mas de 120 decibelios llegamos al lugar…
La sensación era extraña, muy extraña. Era un monolito con el nombre del Poeta…Y no sé…Quizá aquello se volvió tan frío (aparte de por el frío que hacía) porque meses antes excavaron y descubrieron que ahí no descansaba ni poeta, ni toreros ni rojos, ni nada.
Con mi desilusión a las espaldas, me dispuse a contemplar aquello que le habría brindado su país…Un parque. Y de repente me puse a pensar en qué cojones piensa un país tan obrero como España. Pero eso es otro tema [Link]
Volvimos al coche, y pasamos por el barranco del Viznar, bien indicado con un monolito enorme. Propuse a mis padres bajar, y cuando llegamos al monolito, enfrente había un cartel, donde te aconsejaba cómo hacer una ruta senderista.
Tras las palabras, que apenas me molesté en escuchar, de mis padres, nos dispusimos a caminar y tras varios suspiros, llegamos a una zona de descanso. A un barranco.
En el barranco había un puente que lo cruzaba, y al correr y situarme sobre el puente, ahí lo vi. Miles de flores recubiertas con cera de velas, velas apagadas, consumidas y sin consumir, todo en forma de cruz que miraba desde el suelo a un sitio. El sitio donde se dirigen todas las miradas que van. La losa rectangular donde pone “Lorca eran todos”
Y allí estaba el sitio donde mataron cruelmente a uno de los mejores poetas de España. Me dispuse a bajar al sitio, y he de reconocer que los pelos se te ponían de punta. Flores marchitas, flores de plástico, sucias con tierra y polvo. Velas, apagadas por el viento o la lluvia. Apagadas por el tiempo. Cera, mucha cera…Y al final, el monolito.
He de decir que es un sitio donde se escucha entre el silencio, el ruido de las hojas peleándose con el aire. Los pájaros, y donde pequeños rayos de sol traspasan esa barrera que forman los árboles. Y ahí me encontraba yo, haciendo fotos. Desde luego es un sitio perfecto para ir a leer o pensar.
Tras soltar algunas lágrimas, y ya os digo que es prácticamente imposible no hacerlo, volvimos al coche y marchamos hacia Albacete.
Comimos en la carretera, en uno de esos bares a los que algún día le dedicaré una página de mi blog…
Ya no hay nada más que contar, sólo eso.
Ese fue mi querido viaje a Granada el puente de octubre.
Espero que se hayan deleitado, aunque con tanta palabra en tan poco espacio es un poco difícil disfrutarlo, pero bueno, desde aquí solo me queda agradecer vuestro tiempo, y el de mis padres, que si no fuera por ellos, jamás hubiera escrito esto.

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