2.3.11

¿Qué podemos hacer hoy?

Hoy, mi Tita Toñi ha fallecido. Fallecido, probablemente una palabra tan culta como temida. Es un participio horrible que no deseamos usarlo nunca. Pero no voy a dar una clase de morfología, y menos en esta situación.

Que injusto, que llegué así, de repente y sin avisar.
Estas cosas son las que le hacen a uno pensar, y pensar mucho, hasta tal punto de llegar a conclusiones a las que debería haber llegado hace muuuucho tiempo.

Cuanto nos cuesta darnos cuenta de lo importantes que somos para algunas personas, personas que están ahí y que por alguna extraña razón psicológica, volteamos. No estoy hablando de personas que te digan día un discurso romántico, no. Estoy hablando de personas que quieres, que te quieren y a las que importas mucho, “ángeles”
Hace tiempo caí en la conclusión de que en nuestra vida, una serie de personas nos ayudan a mantener nuestra felicidad, nuestro estado de ánimo, y algo muy importante que no se ve ni se toca, pero se nota…el hilo de la vida. Algo que, ya sea un hilo o una piedra maciza, te obliga a levantarte cada día, y que aunque tú no te des cuenta te susurra, hoy puede ser un gran día. Eso es lo que hacen esos “angelillos”.
Mi tía, uno de esos en mi vida, como toda tía que sólo tiene una sobrina, me quería, me quería mucho, y era una de esas pocas personas que en cuestión de segundos, subía la moral. Sus besos, sus abrazos, sus manos…Igual que mi abuela Cati, su voz, sus frases, sus preguntas de “¿cómo te va?” o “¿y el novio?” o los estudios, o las amigas, da igual lo que fuera o fuese, el caso es que preguntaba. Preguntaba por incluso detalles que yo ni recordaba. Mi Tita Toñi era ese tipo de persona a la que le daba igual qué pasara con tal de ayudar. Tenía su geniecillo, como todo el mundo, y con todo ello, no dejaba de ser una persona. También era cocinera, una gran cocinera, y sobretodo, ante todo, ante todo, costurera y diseñadora. Eso era mi tía, y ahí se quedará para mí, como uno de los angelillos que se ocupaban (y seguro que se ocuparán) de hacerme la vida un poquito más feliz.

Hasta aquí todo bien, hasta que pasamos a mí. En menos de un año he sufrido la muerte de dos familiares muy allegados, y con los dos, se me ha quedado la misma sensación. La sensación de creerme Dios. La sensación de que mañana sí estarán ahí, de que mañana podría volver a dejarlo para mañana. Y por eso me he topado con la realidad, con el no abrir los ojos para poder decir que quizá mañana no estén ahí, y lo peor de todo, es que quizá ellos me esperaban.
Es tal la impotencia que se queda, que te hace plantearte las cosas. No sabes qué cosas, pero te las planteas. Sientes como si hubieras defraudado a esos angelillos, como si no correspondieras a su trabajo de hacerte la vida más fácil. ¿Cómo te quitas eso?

Un gesto, una caricia, una llamada, un beso…eso lo cambia todo. Pero no, mejor mañana. No seamos ilusos.

Gracias por todo Tita, gracias por tus huevos al parra, por tus disfraces para mí y para la Barbie, por tus besos resonantes, por recordarme mi santo, etc, etc, etc. Gracias.


Y a vosotros que leéis esto, no dejes para mañana, lo que podáis decirles o hacerles hoy a las personas que más queréis.



No hay comentarios: