12.3.11

En armonía con Dios.

La Capilla Sixtina, obra cumbre de la capacidad del ser humano, entre muchas otras contemporáneas. Pero, ¿hay algo más significativo que la Capilla Sixtina? En concreto el centro de la capilla, el momento justo en el que Dios está a un mili segundo de tocar al hombre, de hacerlo ser, de iluminarlo, y tras Dios, ella, la mujer, aun en mente, rodeada por angelillos gordetes asombrados mirando al hombre y revoloteando. Que fantástico, años y años subordinados a las religiones, preguntándonos "qué, por qué, cómo, cuándo" y ahí lo tenemos, el genio de Miguel Ángel nos lo dio, el momento álgido de nuestra creación de nuestra existencia, y aquí estamos. Una imagen que con nada, dice todo.
Muy religioso, ¿verdad? Es normal, no es propio de mí. En ocasiones como esta, me pregunto cómo se sentirán las personas que creen, que se acogen en los brazos de un Dios o Señor que no saben o no si existe.
Hace unos días tuve un examen de filosofía. Filosofía, es...es como la religión de los más escépticos, es como una creencia a la que aferrarse, pensar por pensar por saber algo más. En lo que me entraba para el examen, autores hablaban de la existencia de Dios, y en ningún momento (hasta la Ilustración) dudaban de su existencia, algunos pensaban que la razón ayudaba a la fe para creer en Dios, otros que estaban separadas pero Dios las había puesto ahí a las dos para llegar a la verdad, y un sin fin de teorías que supongo que entre tanto pensamiento, haría que los filósofos no se sintieran tan solos en el mundo que poco a poco descubrían o simplemente, en el mundo al que le ponía prospecto. Me dan envidia, en parte por morir dejando sus palabras, ideas y rostros en los libros de historia. Por ayudar a la humanidad a comprender un poquito mejor donde vivimos, por pensar, y por otro lado, porque a pesar de ello, creían. A veces envidio a la gente que cree, porque una vez que lo dejas de hacer, debe de ser muy difícil volver a pensarlo de nuevo. Me da envidia no tener un Dios al que acogerme, un Dios al que contarle como me siento cuando estoy sola, un Dios que como en la Capilla Sixtina, me toque con la punta de los dedos y me de la fuerza para dejar de ser un trozo de barro y convertirme en una persona. Eso me da envidia. Tonto, ¿verdad? Hay cosas mas cercanas que un simple ser “imaginario”, como las personas, pero a veces fallan, o a veces no están ahí, o…no sé, simplemente son igual de “imaginarias”.
A veces me gustaría estar en armonía con Dios. No con un Dios en forma de triángulo, o en forma de animal, o con un Dios súper bueno y súper mágico, no, con un Dios humano, que pecara de furia, de celos, de ira, de bondad, y que no sea perfecto. Un “padre” más o menos. Quizá sea este el punto de partida. El Dios que me imagino es como el Dios de Miguel Angel, pero sin salto de cama rosa. Es un Dios que lo hace bien, pero ciertamente enfadado por su concentración en su trabajo, que es ayudar a todas y cada una de sus criaturas. Ese es mi Dios.




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